Sí. En esta leyenda urbana asesinan a Kennedy. No sucedió en Dallas, Texas, en  1963. El Kennedy que aparece y desaparece en esta historia no tiene demasiada historia. Pero sabe que su apellido da nombre a una novela. Un título cojonudo, piensa. Como un poema fractal. O algo así.

 

Matías, un afamado Dj español, viaja a Manila, Filipinas. En las calles de esta urbe jalonada de viejos carteles pop art, rascacielos  y desheredados, Matías es secuestrado por un grupo de adolescentes que malviven en la Montaña Humeante. Entonces, todo cambia. Como una Super8 proyectada en el espacio, Matías filma un paisaje triangular de reencuentro, desolación y poesía.

 

Yo asesiné a Kennedy (y a sus 7 guardaespaldas) es una Noir minimalista. Un experimento literario que recorre la frontera entre la realidad y la ficción, entre lo poético y lo desgarrador. Una road movie filmada con palabras. 


El  asesino se inspira y recrea escenas de películas, adaptándolas a los personajes del libro (como ejemplo: Pulp Fiction, escena: Jules Winnfield y el discurso bíblico; Drive, escena: Driver, el clavo y el martillo; Perdita Durango, escena: Romero y el lifting...). Es un libro recomendado para cinéfilos.... Plagado de referencias culturales de todo tipo, el vocabulario está perfectamente equilibrado entre lo enriquecedor y lo soez. Hace una combinación extraordinaria, sin perder el lenguaje claro y directo, tanto que algunas páginas pueden herir la sensibilidad de los más pudorosos/as.

 

 

María García Fernández (República Literaria de Malyve)