Roberto Bolaño dijo que la poesía entra en el sueño como un buzo muerto en los ojos de Dios. En este poemario, Dios esnifa paraísos perdidos, escucha a Cal Tjader, lee a Kafka... Alguien le revienta la cabeza al Altísimo con una Beretta calibre 22. Keep calm. Como cualquier yonqui enamorado, del maldito sueño renace.


Leyendo Me preguntaron por drogas y hablé del amor viajamos a universos paralelos, nos convertimos en Dios, en amor matemático y en el universo entero. Vamos, en realidad no sé cómo deciros que me ha encantado. Poesía visceral, cargada de ironía y de detalles de lo más certeros. Con ambientaciones de lo más variadas: mana de la cultura pop, de la música, el cine y, por supuesto, de la literatura. Es rock, es beat

 

Os dejo algunos versos para que os hagáis una idea, pero creo que basta con deciros que me ha parecido una liberación leer este libro de poemas, que estaba cansado de la poesía que tanto se ha puesto de moda ahora mismo (que también me gusta a veces) y que se vende como churros en Casa del Libro.

 

El poema Background Sound comienza con estos versos:

 

Dos enamorados esnifan teorías
electromagnéticas
y vinilos de James Brown.

 

Otro poema, Estrategia cardinal para diseñar caleidoscopios sin tener ni puta idea de ingeniería ni de horizontes subterráneos tiene estos versos como primera parte:

 

Se posa el cielo en tu mejilla,
dice él.
Rompámonos, estrechémonos,
dice ella.

 

¿Blade Runner o Apolalypse Now?

 

Se desenredan los labios.
Suena un Te quiero
atronador
urgente
letal.

 

Encienden la TV:
No hay paz para los malvados.

 

Inyectan morfina en los ojos de Dios:
Primavera niñez.

 

Este libro está cargado de maravillas en forma de verso que dejan al lector descolocado, que le recuerdan cómo piensa, que le hacen cambiar de opinión o que, simplemente, le hacen pensar "qué bueno es este verso" o "qué bueno ha sido este poema".

 

Quike D-b (Bibliolocura)

 

¿Cómo podría yo explicaros la poesía de I.J Hernández? Es como si en una coctelera metiésemos un montón de iconos pop, toda la tristeza del mundo, tranquimazines, campos electromagnéticos y luces de neón. Agitamos bien y obtenemos como resultado Me preguntaron por drogas y hablé del amor. Un cóctel a ratos indigesto, a ratos lleno de química, de preguntas imposibles y respuestas al aire. Y deja buen sabor de boca, os lo prometo. Ese tipo de cócteles que te gustaría volver a probar. Lo cierto es que hay un halo de tristeza que envuelve este poemario, una decadencia de luces de neón que parpadean en moteles de carretera casi abandonados y creo que es esa su esencia. Una nostalgia pop que deja latente en cada verso. Tiene su encanto. Qué grata sorpresa este poemario.

 

 

Victoria Mera (Libros y Literatura)